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Bucaramanga, Santander, Colombia

domingo, 31 de mayo de 2020

Tan sólo un momento de razón


Casi siempre mis babas se derriten en los espejos y esa angustia se desliza cálidamente hacia el sendero de mi ocaso; por las noches de frío, muero con los gatos en los matorrales inmorales de mi olvido y desde allí, propongo discursos elocuentes para desenmarañar la distancia que se arruncha en la esquina del insomnio.

El mausoleo fue abierto para que tus párpados abominables, se bañaran con la delicadeza abrupta del engaño gris, del silencio azul; mares que se tiñen en el umbral, soles que se acuestan con la verdad, voces que suscitan la mirada vergonzosa de la cansada tierra. Desde lo lejos observo que el agua se acerca y un pájaro llora, la inolora canción del otoño canta sobre el crepúsculo ocular, llevando mis manos hacía el vacío extraño, del presente y suavizando mi dolor con el temblor de mis muelas. Ah, las palabras se encuentran caídas y el azul ya es gris; ah, los versos sueñan con las luces de Saturno, para desenredar las vueltas del corcel. Ah, un tercio de razón que clama por las discrepancias de mi torpe sabiduría y bajo las tildes de mi cuerpo; ah, despierto en el prado seco, verde de mi ayer.

La promesa consistía en dejar que mis manos desdibujaran las olas, meciéndosen sobre el absurdo disfraz del tiempo, mis piernas aletearían paráfrasis con el viento y mi cadera reposaría sobre lumbales cálidos al amanecer; pero mi crepúsculo supo burlarse de mí, y hoy, rompo páginas de mi realidad, ya no encuentro preguntas para mi verdad y es así que deambulo entre sueños, cansados de tanto andar; se disipa la molestia para algunos, pero entre tinieblas cantan gemidos y se hacen llamar humanidad, hombres de moral, seres de verdad, quienes tiñen de tinta los rostros párpados del presente y entre bóvedas pasadas, revolotean sus ojos para adornar la basura blanca que flota sobre el mar.

lunes, 25 de mayo de 2020

Algo que visita mi cabeza



Sobre el viento que destella las olas saladas de tu voz, sobre el adiós del olvido que aguarda los cantos marchitos de mis días, el sudor de las arpas y el color de las uñas miran la neblina que se disipa con las horas. En el parque llovían bocas y lengüetazos, y en la casa un poema se escribía; aquel fuego abrazaba la noche y en sus brazos unos coros elevaron mis poros hacia ningún lado, hacia el ocaso de lo humano.

Mi vejiga se humedece y los rayos nacen con las rocas, golpean la razón de mis huesos, deshacen la verdad sobre mi nombre; nuevamente el arpa es disonante y el frío de la realidad es tan íntimo como la sal de tu reloj, la piel arde y el color de los años se rasguña en mis manos, en mis párpados, y el olor de mi cuerpo, llama a gritos al crepúsculo perdido que se escondió, cuando la fiebre gris de mis días, enardecía tristemente, mientras mi aliento se perdía.

Dejé de correr para sentarme junto a la arena, dejé de soñar para olvidar los sueños que soñaron con mis manos, nunca vi las almohadas ebrias de tanto amanecer y el cansancio visitó mi tiempo; mi templo se arrodilló ante mis ojos y me permitió comprender que la mierda nunca florece.

martes, 19 de mayo de 2020

Animal de monte


La melodía de lo extraño visitó mi sombra y de su mirada un incoloro sonido recorrió mi sueño, una perdida razón murmulló sobre asteroides y volcanes; brilla, es la nocturna realidad, es lo que nos queda y de lo que no podemos versar; cielo azul y sudorosas versiones de un Andrés vestido de Alfonso, de un hombre hambriento de canciones que destiñen el viento con petulantes momentos y tranquilos desencuentros. He visto el cuerpo de un camuro patas arriba, mientras la sangre abandonaba su cuerpo; tirado en el andén de la plaza de mercado resiste mi olfato y la puta de la esquina, se acomoda los zapatos. El hombre de bata blanca ahora está de rojo y en sus ojos un océano de palabras vomitaba oraciones del porvenir, canciones que nunca vi venir.
Llora con tu brillo y no olvides despedir los gemidos de tu razonable enigma y espero que después no estés dando vueltas como aquel perro blanco, antes de echarse sobre la mierda a la que llamas alfombra; el reposo se interrumpe y un suspiro se despide de la habitación.
Es decadente mirar hacia atrás y es terrorífico soñar con hadas en tiempos de hambruna y molestia estomacal; prefiero las máscaras transparentes a los disfraces de abril, prefiero caminar que andar en un carro vestido de gris y desde la punta de la montaña un beso se despide del aire y de la tierra, del color y del matiz; sólo intento no molestarte en tiempos de enfermedad y quisiera caminar nuevamente por el camino verde de piedras que se resistían para que no las alzara, con mi pequeña fuerza. Huelo a feo y el pelo de mi barba escurre algo de sudor, sigo rezongando y sigo encadenado; esta vez quiero morder los pasos de algún animal civilizado.

Tan sólo un momento de razón

Casi siempre mis babas se derriten en los espejos y esa angustia se desliza cálidamente hacia el sendero de mi ocaso; por las noches de fr...